sábado, 24 de diciembre de 2011

NUEVA ROCA RITUAL EN ULACA

Aspecto de la roca desde el noroeste.
Situación. Cuando la pasada primavera de 2011 recorría la margen izquierda del río Picuezo con la intención de encontrar el molino del Conde, situado dos kilómetros al suroeste de Sotalvo, me llamó la atención una curiosa, solitaria y aplanada roca situada sobre un canchal granítico a escasos metros del cauce del río. De casi tres metros de largo, dos y medio de ancho, y uno de alto, está asentada, quizás intencionadamente, sobre tres piedras que la mantienen en sugerente posición horizontal a modo de natural altar rupestre. De forma rectangular, presenta en su parte norte tres concavidades naturales, la central de mayor tamaño, que vierten aguas hacia el norte.

Disposición del trío de piedras que sustentan la gran roca.
Dos decenas de cazoletas. Aunque cubierta de residuos milenarios, no tarde en descubrir sobre su superficie algunas inconfundibles cazoletas rituales de considerable tamaño (hasta 13cm. y 8 de profundidad)  y después otras más pequeñas hasta totalizar dos decenas: siete en la parte noroeste de la roca, nueve próximas a la concavidad noreste de la peña, y otras cuatro en la parte central de la parte este de la roca (ver gráfico).

Cuatro apiñadas determinan los puntos cardinales. De las siete primeras, cuatro se encuentran apiñadas y dirigidas a los puntos cardinales, mientras que las otras tres se disponen en ángulo obtuso a lo largo de la redondeada esquina noroeste de la roca.

Cuarteto de cazoletas orientadas a los Puntos Cardinales.
Tres conjuntos se unen por canalillos. Lo más interesante y curioso de este conjunto de este elemento son las nueve cazoletas, de distinta forma y tamaño, situadas junto a la concavidad más oriental de las tres que presenta la roca y dentro de ellas las seis que, formando conjuntos, cuentan con canalillos que las hacen desaguar en la concavidad referida. Uno de estos conjuntos, situado en la parte derecha del borde de la concavidad, lo constituyen tres cazoletas de 13, 6 y 8 cm de diámetro. 

El segundo, lo componen dos cazoletas de 6 y 12 cm de diámetro que se encuentran y desaguan en la parte este de la concavidad natural. El tercer conjunto lo forma una solitaria cazoleta de 12 cm. de diámetro cuyo canalillo vierte en el centro de la cavidad natural en un punto equidistante de donde lo hacen los otros dos conjuntos.

Las otras tres cazoletas de este grupo de nueve que no disponen de canalillos se hayan algo más alejadas del borde de la concavidad natural dispuestas entre los tres anteriores conjuntos con la aparente intención de separarlos.

Grupos de cazoletas unidas por canalillos.
Las cuatro cazoletas restantes, todas de pequeño tamaño, del tercio oriental de la roca aunque no parecen relevantes, tres de ellas dan lugar a una alineación Este-Oeste; otras tres forman un triángulo rectángulo; otras tres y una de las mayores del conjunto próximo, forman un trapecio irregular; una de ellas y otras cuatro del conjunto inmediato forman otra alineación Noreste-Suroeste, etc. Aunque debemos ser conscientes de que quizás todo lo dicho no tuvo ningún significado para aquellas gentes y que los tiros, quiero decir la intención del autor de tales cosas, fuese por otros derroteros.  

Capacidad de los conjuntos de cazoletas. Por ver si la cantidad de líquido que podían contener los tres grupos de cazoletas unidas por canalillos tenía alguna relación entre ellas, vertí agua sobre cada uno de ellos comprobando que el compuesto por tres cazoletas, desaguaba con 300 cm cúbicos; el compuesto por dos cazoletas, con 250; y el compuesto por una sola cazoleta, con 220. Luego, con independencia de su tamaño, se da una proporcionalidad entre el número de cazoletas unidas por canalillos y su volumen (más cazoletas, más volumen), lo cual, junto a su número y situación (tres en la parte oeste, dos en la este, y una en el centro), es seguro que tienen un significado mágico ritual el cual ni me atrevo a aventurar. Aunque parece obvio que se trata de uno de esos jeroglíficos destinados a la realización de predicciones y no propiamente de un altar destinado a la realización o al ofrecimiento de sacrificios. Pero sin descartar totalmente el que los líquidos utilizados para tales prácticas en vez de agua, aceites, perfumes, etc., fuese sangre procedente de prácticas cultuales cruentas quizás realizadas sobre esta misma piedra.  

También podrían tener un significado mágico religioso, como lo tuvo el “Trisquel”, las tres piedras que mantienen la roca en posición horizontal para conseguir lo que sin duda fue: una roca sagrada destina a establecer relación con sus deidades cualesquiera que fuesen.

Panorámica del lugar desde el noroeste.
Autores de la roca ritual. Queda por dar respuesta a dos cuestiones: ¿quiénes fueron los autores de tal obra, y cuándo lo hicieron?, y, a juzgar por los restos cerámicos que se observan en el camino que conduce hasta el lugar y en las escarbaduras del ganado bovino existentes en sus inmediaciones, lo más probable es que el elemento lo erigiera un grupo humano, contemporáneo al castro de Ulaca y relacionado con él, que, con una probable finalidad ganadera, se asentó en este lugar durante un indeterminado espacio de tiempo.  

En conclusión, que buscaba molinos hidráulicos, con la intención de estudiar los posibles grabados realizados en ellos por los molineros, y encontré una roca ritual, prerromana presumiblemente. Un nuevo monumento a los cultos antiguos que viene a incrementar el numeroso repertorio de elementos de este tipo con que ya cuenta la provincia de Ávila. 

  

EL “MORTERO DE BONILLA”.

Altar rupestre conocido como "el Mortero" en Binilla de la Sierra, Ávila. 
Informado de la existencia de una piedra sagrada en Bonilla de la Sierra, el verano de 2009 me trasladé a esta histórica villa del oeste de la provincia de Ávila para realizar una investigación sobre ella.

EL CERRO DEL MORTERO. Situado kilómetro y medio al norte del pueblo recibe tal nombre por una monumental roca conocida popularmente como “el Mortero”, que con toda probabilidad se trata de un altar rupestre.

Bonilla de la Sierra desde el Sur.
Escalerilla irregular. Es muy probable que el único elemento original de este altar rupestre sea su irregular escalerilla (el tamaño de las gradillas y la distancias que las separa difiere en todas ellas), compuesta por catorce gradillas, cuya existencia quizás se deba más a una cuestión cultual que a una necesidad práctica de alcanzar lo alto de la peña. Y en tal sentido, conocido que aquellas gentes rindieron culto a los astros y en especial al Sol y a la Luna, no es peregrino pensar que el número de peldaños pudiera tener relación con los 28 días del ciclo lunar y, en tal caso, representar la ascensión al altar la fase creciente de la Luna; y la bajada, la menguante. De haber acertado en tal suposición podríamos hallarnos ante un elemento rupestre de culto a la Luna; y quizás y por extensión, a la fertilidad femenina, sabida la relación existente entre el ciclo lunar y el correspondiente a la menstruación de la mujer. Según la Cábala (corriente de la mística judía), el número 14 “es el valor numérico de las transmutaciones, las metamorfosis, los cambios,…”, lo cual viene a coincidir con lo que se acaba de decir.

Pie izquierdo. Sorprendido porque los escaloncillos tres, diez y doce, se encuentran desplazados a la derecha del resto hice prácticas comprobando que tal particularidad tiene por objeto iniciar la ascensión al altar con el pie izquierdo pues de otra forma tales peldaños quedan a contra pie, consiguiéndose con ello, además, coronar el altar con este mismo pie. Hoy, comenzar con el pie izquierdo es sinónimo de mala suerte pero quizás entonces, al menos para las gentes que a través de este altar intentaron establecer relación con sus deidades, las cosas pudieron ser distintas.

Detalle de la gran cavidad ritual.
El Mortero ha sido atropellado. En cuanto al enorme hoyo que este altar presenta en su parte alta (por el que recibe el calificativo de “El Mortero”), obra humana sin duda pues se aprecia la huella del cincel en todo su borde, es totalmente improbable que se corresponda con la exigua y anárquica escalerilla, obra seguramente de las gentes que del Bronce al hierro ocuparon estos lugares, en la que no se aprecia la huella del cincel. Por ello y por su inexplicable significado ritual (nada hay de entonces que se le parezca) debemos suponer razonablemente que el prehistórico y original altar ha sido alterado, por no decir atropellado, uno o dos milenios después de su origen labrándose sobre una probable cavidad ritual mucho más superficial destinada a la práctica de actos cultuales cruentos, un nuevo elemento ritual destinado seguramente a la realización de actos cultuales que tuvieron al agua por protagonista principal.

Restos arqueológicos romanos. Por los restos arqueológicos existentes en las inmediaciones del altar, lo modificación del altar pudo tener lugar en época romana pues las dimensiones del mortero son casi iguales a las del famoso caldero celta de Gundestrup (69x45 cm), datado en el siglo II a. de C., en cuyos grabados se contempla la introducción de una persona en el propio caldero.

Restos cerámicos de época romana.
Posible pila bautismal. Pero es mucho más probable que el referido hoyo se realizase siglos después, en época plenamente cristiana y que estuviese destinado a la realización rituales de iniciación paleocristianos: una primitiva pila bautismal que pudo tener vigencia entre la Alta Edad Media y los comienzos de la Moderna, como parece evidenciar la cruz latina (no marca de término municipal) de casi imperceptible peana, situada en la parte derecha de la escalerilla a un metro del suelo quizas obra de los monjes del vecino convento franciscano de San Matías, instalados en las inmediaciones del altar a principios del siglo XVI.

OTRAS PROBABLES PIEDRAS SAGRADAS. Es muy probable que “el Mortero” no fuese el único elemento de culto rupestre que se encontró aquí sino que, por el contrarío, existiesen otros de distinto tipo e importancia constituyendo por ello este lugar un Santuario Rupestre que agrupaba varios elementos de culto.

Posible altar unos metros al Norte del Mortero.
Altar. Uno de estos elementos rituales rupestres, quizás un segundo altar más apto para la realización de sacrificios, se encuentra entre unas encinas, unos metros al norte del “Mortero”: una roca de unos setenta centímetros de altura que presenta en su centro una redondeada pila de unos cincuenta centímetros de diámetro en la que probablemente ha intervenido la mano humana. Un probable altar que bien pudo estar relacionado con el anterior pues nada extraño sería el que determinadas víctimas fuesen inmoladas en él, siendo luego trasladados sus restos o la misma sangre a lo alto del Mortero para ser incineradas o realizar otros rituales.

Pila ritual. Y aún existe otro elemento de muy probable finalidad ritual en la elevación rocosa situada doscientos metros al noreste del Mortero, pues es difícil encontrar cosas así. Una pila ovalada de medio metro de diámetro y casi otro tanto de profundidad que presenta una salida de líquidos hacia el sur a unos 25 cm de su fondo. Un elemento que, pese a haberse sacado ingentes cantidades de piedra de sus más inmediatos alrededores, los canteros, grandes conocedores de las obras atribuibles al hombre, han querido preservar.

Posible pila ritual dos centenares de metros al Noreste del Mortero.
DEHESA DE BOYAL. Posible altar. En una segunda visita a Bonilla, Carlos (a quien conocí en el Mortero), me enseñó en la Dehesa de Boyal, situada kilómetro y medio al sur del pueblo, otra posible piedra sagrada: un nuevo altar. Se trata de una roca sensiblemente circular, de unos seis metros de diámetro y dos de altura, de redondeados bordes, que presenta en su parte este dos estrechos pero profundos escalones, el primero de ellos tan elevado que sería necesario la existencia de una piedra bajo él para poder alcanzarlo con facilidad; y ya arriba de la peña, otros dos escalones, menos pronunciados e innecesarios para coronar la roca, orientados hacia el noroeste: al Solsticio de verano. Arriba, aunque no parecía haber nada, hallé un profundísimo agujero de ocho centímetros de diámetro y desconocida profundidad, algo muy parecido al agujero de una barrena de cantero pero que dudo que lo sea. Nada más y aunque tampoco es necesario la existencia de cosa alguna no se debe descartar la posibilidad de otro elemento ritual hoy perdido: una pila labrada sobre una piedra.
Posible altar rupestre en la dehesa de Boyal.
Escaloncillos superiores.
Escalera doméstica. Aun existe en esta dehesa, dos centenares de metros al noreste del anterior, un nuevo, sorprendente y original elemento, que me mostró Honorio, alcalde del pueblo, sin duda relacionado con él. Una monumental especie de escalera, compuesta por tres enormes escalones de amplísima huella y elevadísima contrahuella, absolutamente inadecuados para la práctica de actos de culto e incluso para ascender por ella con habitualidad; y un cuarto escalón, a la izquierda de los anteriores, de igual elevación pero de menor tamaño con el que se corona la peña. La empinadísima escalera está tallada sobre el vertical costado de una roca orientada al suroeste, de varios metros de largo y dos y medio de alto que, además, presenta en su parte alta, a la izquierda de la escalera, una profunda escotadura destinada a colocar el extremo de una viga y aún otra, menos profunda pero más larga, a la derecha destinada a acoplar una techumbre. Del lado contrario se llega al grosero alto de la roca, cubierto de erosiones naturales sin interés ritual, sin ninguna dificultad.

Escalera o gradería doméstica dos centenares de metros al noreste del supuesto altar.
Un elemento en verdad curioso que bien podría confundirse con un nuevo altar rupestre pero que por sorprendente que sea se trata tan sólo de un elemento doméstico integrado en una construcción notable que en su día existió adosada a la gran roca que existe inmediatamente al este de la que aún quedan bien evidentes los restos de su estructura.

Gran roca situada al Este de la gradería doméstica a la que se adosó una gran estructura doméstica.
Respecto a la cronología de ambos elementos, presunto altar escalera doméstica es muy posible a juzgar por los restos cerámicos que se observan en sus alrededores que daten de los finales del Hierro a la época romana, aunque tal cosa exige de las correspondientes excavaciones.


sábado, 17 de diciembre de 2011

¿SANTUARIO RUPESTE DE LA CABEZA DEL OSO?.



Cerro de la Cabeza del Oso visto desde el cerro el Castillo de Castillo Bayuela.
Situación. Inmediatamente al norte del toledano pueblo de El Real de San Vicente, sito en la Sierra de tal nombre, se encuentra un espectacular cerro conocido como “la Cabeza del Oso”, por la forma que ofrece visto desde el sur.  

En la cumbre de este espectacular cerro, antaño ocupado por un castro vettón, existen unos curiosos grabados  considerados hasta este momento como un altar o santuario rupestre, pero que, como se va a ver en este estudio, nada tienen que ver con protohistóricas actividades magicorituales y sí con otras contemporáneas, propias de trabajos de topográfía, destinadas al levantamiento del plano de España de escala 1/50.000 que tuvieron lugar en el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX.
 

Cumbre del cerro de la Cabeza del Oso donde se encuentra el supuesto santuario rupestre.
En concreto se trata de cuatro grabados, tres de ellos formando grupo, situados  en lo más alto del cerro junto a un moderno Vértice geodésico. 

Cuadrilátero. El primero de ellos y el más notorio, consiste en un cuadrilátero de 0,3 m. de lado, profundamente insculpido en la aplanada roca, con sus lados orientados a los Puntos Cardinales con un hoyo de 6 cm. de diámetro en su centro. Dentro de la figura, algo desplazado hacia el oeste, existe otro grabado parecido a un incompleto escudo.

Cuadrilátero. 
Tres grupos de petroglifos de aspecto antropomorfo. En torno a la anterior figura, entre los dos y los cinco metros de distancia, se encuentran tres grupos de figuras cuyo aspecto antropomorfo hizó que se confundieran con petroglifos pertenecientes al Bronce.

El primero de estos grupos de petroglifos se halla sobre otra roca algo más elevada que la del cuadrilátero, situada 2,7 m. al sur de este y consiste en dos relieves, de claro aspecto antropomorfo, situados uno al costado del otro, con sus ejes mayores en dirección Este-Oeste. Aún se aprecia en este grupo de grabados un pequeño trazo horizontal situado en la parte alta de la figura más oriental. Situados a distinta altura, miden 18-20 cm. de alto, 13-16 de envergadura y 1-2 de anchura y profundidad las incisiones. 


Pareja de supuestos antropomorfos, pero que son letras "T". 
El segundo grupo de supuestos antropomorfos se encuentra 3,4 m. al oeste del cuadrilátero, pegado al hito geodésico: tres grabados, similares a las anteriores, alineados en dirección Norte-Sur. Sus dimensiones, salvo el situado más al norte de menor tamaño, son prácticamente idénticas a las anteriores, 20x16 cm., alto-ancho para ambos, pero en cuanto a sus características, se observan algunas diferencias pues, además de ser tres las figuras, una presenta menor tamaño, los brazos superiores se encuentran más abiertos, y la central ofrece cierta sensación de movimiento pues su trazo vertical se encuentra curiosamente torsionado.

Trío de supuestos antropomorfos, uno de menor tamaño, pero que son letras "T".
El tercer grupo de figuras, supuestamente antropomorfas, y el más alejado del cuadrilátero, se encuentra sobre una roca situada 4,5 m. al noroeste del cuadrilátero: tres figuras, una casi perdida, del mismo tamaño y características que las anteriores, alineadas en dirección Este-Oeste.

Segundo trío de supuestos antropomorfos.
Significado. Vistas las figuras, J.C. arqueologo de la Diputación Provincial de Toledo, me informó en su día, que la figura cuadrada bien podría tratarse de un símbolo de definición del territorio circundante, una especie de puntos cardinales o líneas de localización de determinados elementos de interés. Otra posibilidad apuntada por J.C. sobre la fundionalidad del cuadrilátero es que se trate de una especie de sello de propiedad de los terrenos circundantes pues petroglifos similares a éste han aparecido en lugares relativamente próximos caso, por ejemplo, del existente en el cerro de Castrejón, en Aldeanueva de San Bartolomé.

Los otros tres grupos de grabados parecía claro que se trataban de antropomorfos típicos del Bronce.

El antropólogo, Luis Benito del Rey, experto en estas cuestiones, opina que estos cuadriláteros podrían representar a una divinidad, la Tierra seguramente o, lo que es lo mismo, a la Madre Naturaleza. En el mismo sentido se pronunció mi compañero, José María de Vicente.

Yo llegué a pensar, partiendo de la premisa de que el cuadrilátero podría representar a una deidad, y los otros grabados grupos de antropomorfos, que el conjunto de petroglifos podrían representar el ciclo vital de la reproducción humana teniendo a la Tierra por testigo,... ¡lo que se puede llegar a pensar!
Distribución grabados Cabeza del Oso.
 Otros hallazgos. Manuel Pérez, profesor de topografía de la Universidad de Salamanca, me comunicó que hace algún tiempo encontró un pequeño triángulo con un taladro en su centro grabado debajo de un vértice geodésico sobre un cerro de la zona del puerto de la Paradilla, Madrid. Otro de estos cuadriláteros se ha encontrado en el Picu Berrubia, Asturias, en un pequeño promontorio rocoso donde se encuentran dos esbeltos grabados de cierto aspecto antropomorfo.

Santiago Z., miembro de Terrae Antiquae, halló una de estas figuras, pero de muy pequeño tamaño (11x11 cm.), sobre unos peñascos con un refugio rocoso bajo ellos, al suroeste de Burgohondo (Ávila); y muchas otras similares a la hallada por Santiago Z, a veces acompañadas de las letras N.T., encontré a principios del año 2012 en las puertas de templos abulenses del valle Amblés y alrededores las cuales relacioné con los grabados del cerro de la Cabeza del Oso suponiéndolas, por la forma y lugar donde aparecieron, una función mágico ritual.

Cuadrilatero con letra T en la puerta de la iglesia de amavida.
Estos anagramas se han encontrado en otros templos de Salamanca, Burgos, León, Cantabria, Asturias y Cáceres,… pero se encontrará en muchos más lugares.

Otras opiniones. Puesto el asunto en conocimiento del investigador abulense y amigo Dámaso Barranco, entre otras, llegó a la conclusión de que tal anagrama (cuadrilátero y letras o solo este) por sus características y lugar donde se encontraba (puertas de los templos principalmente), podía tratarse de un símbolo cósmico o atropopaíco (talismán protector de los templos sobre las influencias malíficas), de una especie de Mandala o cuadrado terrestre que, dada su generalidad, pudo tener su origen en alguna disposición de las nuevas ideas del Concilio de Trento (Dios hecho presente en la ostia consagrada como “Unidad indivisible y latente de la realidad de un Dios Transustanciado”). Ya había observado Dámaso este mismo símbolo sobre el costado del Arca de la Alianza, uno de los grabados que figura en la Custodia de Ávila, realizada por Juan de Arfe en el año 1571. Las letras NT, según Dámaso, podrían significar: “Natura in Templum Trasmutatur”.

La pista. En estas cavilaciones andábamos cuando, como consecuencia de una "discusión" en Terrae Antiquae, Alica Canto aportó la pista de su significado el cual, como se ha dicho, se relaciona con actividades topográficas y no con otras mágicorituales.
En tal sentido expongo algunas cuestiones relacionadas con el fenómeno que se está tratando, extraídas del manual de “Instrucciones para los trabajos topográficos” publicado por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico de 1878, que nos servirán para aclarar el asunto:

En el capitulo TRIANGULACIÓN, y en relación con los vértices, refiere el manual:


Página 8, punto 7.- “El encargado de la triangulación (…) reconocerá el terreno (…) y después procederá a la elección y señalamiento de los vértices,…”.
Página 10, punto 12.- “Los vértices se señalarán en el terreno con un taladro de 6-8 cm de diámetro y de 40-50 de profundidad en cuyo fondo se clavará una estaca, rellenándolo después completamente de polvo de carbón y cubriéndolo todo con un mojón piramidal de tierra o piedras de 50 cm de altura que tenga por base un triángulo de un metro de lado. Cuando los vértices se sitúen en roca, el taladro será del mismo diámetro; pero su profundidad se reducirá a 10 cm quedando colocado en el centro de un triángulo, cuyos lados, grabados a cincel en la misma roca tengan 20 cm de longitud. Estas señales se referirán a tres objetos cercanos y fijos, como árboles, cercas, rocas, etc., los cuales se señalarán grabando las iniciales “TT”. Cuando no haya objetos próximos a que referir un vértice, se clavarán tres estacas a menos de 20 m de el que servirán de referencias”. 

En el capítulo NIVELACIÓN, refiere el manual:

Página 54, punto 121.- “Las líneas de doble nivelación tienen por objeto referir a las mediciones de precisión un punto de partida, por lo menos, en cada término municipal. Estas líneas se nivelarán marchando la segunda vez en sentido contrario de la primera.
Punto 122.- El punto de partida de la nivelación topográfica se marcará en la población sobre un paraje bien conocido y estable prefiriéndolas losas, sillares de los pórticos de las iglesias, casas consistoriales, edificios sólidos, bien sean públicos o particulares, u otros monumentos o construcciones que hagan presumir larga duración; en defecto de todos ellos, en sillares labrados que se empotrarán sólidamente en el suelo. Estos puntos se señalarán grabando a cincel las letras N.T. y a su derecha un rectángulo que circunscriba la sección de la mira; este rectángulo debe estar situado de modo que se pueda colocar un portamira suficientemente alejado de columnas, paredes, u otros obstáculos,… )”.

CONCLUSIONES. Terminada la investigación sobre todos estos “extraños”, anagramas, he llegado a las siguientes conclusiones:

a) En cumplimiento de las instrucciones del referido manual “Instrucciones para los trabajos topográficos”, para el levantamiento del plano topográfico de escala 1/50.000, y el deslinde de los términos municipales, el personal del Instituto Geográfico y Estadístico, entre el último tercio del siglo XIX y el primero del XX, realizó una ingente cantidad de marcas en puntos dominantes del terreno y en edificios notables (muchos de ellos religiosos) que, pese al poco tiempo transcurrido, han quedado en el olvido.

b) Conocido el tipo de marcas que el referido manual ordena realizar y las que realmente se observan en el terreno se comprueba que los topógrafos realizaron su trabajo con cierta anarquía realizando cuadriláteros o círculos cuando debían ser triángulos o rectángulos, realizando las figuras de distinto tamaños, permitiéndose añadidos discrecionales, omitiendo letras que debían acompañar a las figuras o situándolas en posiciones distintas a las que debían tener, etc.


c) Las características de estas marcas, la forma en que han aparecido (aisladas o formando conjunto), y los lugares donde se encuentran, ha dado lugar y lo seguirá dando, a que sean interpretadas como petroglifos mágicorituales pertenecientes a distintas épocas (del Cobre a la Edad Moderna, generalmente).
   
d) Sin ninguna duda, todos los símbolos (cuadriláteros, rectángulos y círculos acompañados o no de una o más letras, N. T. generalmente) que han encontrado en las puertas de los templos españoles que se han referido, son consecuencia de las labores de “nivelación topográfica” de precisión realizadas entre el último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX, determinando la figura, el punto exacto donde se situó el instrumento denominado mira. 


Antiguos instrumentos de mediciones topográficas. La mira es lo de la derecha.
d) Los petroglifos (cuadriláteros, generalmente, con un hoyo en su centro), que solos o acompañados de determinadas letras (T o L, generalmente, situadas a menos de veinte metros de ellos), se encuentran en lo alto de cerros o puntos dominantes algunos de los cuales han venido gozando de la consideración de santuarios rupestres o asimilados, caso de estos del cerro de la Cabeza del Oso, deben ser revisados pues la mayor parte de ellos se corresponden con las referidas marcas topográficas de identificación de los viejos vértices topográficos.






jueves, 15 de diciembre de 2011

LOS PRIMEROS ALTARES.


Altar rupestre, de finales del Bronce presumiblemente, en la dehesa de Bascarrabal de Ávila.

“... y el día diecisiete del séptimo mes el arca quedó anclada sobre los montes de Ararat. (...) Noe, levantó un altar al Señor y, tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos sobre él. El Señor aspiro el perfume agradable,...”.  (Génesis 8.).

Esta es la primera referencia que encontramos en la Biblia sobre el levantamiento de un altar a Dios en lo alto de una montaña para un acto de reconciliación después del diluvio.

La Biblia, en el mismo libro (12-13) refiere los numerosos altares que Abrahán fue levantando desde su patria hasta Egipto y regreso: uno, en la encina de Moré; otro, en una montaña al oriente de Betel; y otro, en el encinar de Mambré, todos en alturas o bosques siguiendo las pautas religiosas naturalistas de los pueblos de Occidente.

Altar rupestre de finales del Bronce presumiblemente, conocido como el Mortero, en Bonilla de la Sierra, Ávila.

El sacrificio de Isaac, como prueba de la fe de Abrahán, es también revelador: “Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado (un monte del país de Moria), Abraham levantó un altar; preparó la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego tomó el cuchillo,...” (Génesis 22).

En Éxodo 20, 22-26, se recogen varias alusiones al tipo y finalidad de los antiguos altares “El Señor dijo a Moisés (...) me levantarás un altar de tierra y en él me ofrecerás tus holocaustos, tus sacrificios de reconciliación, tus ovejas y tus bueyes (...) Si me levantas altar de piedras no sea con piedras labradas, porque al trabajarlas con tus herramientas las habrás profanado. Ni subirás por gradas a mi altar,...” . “Moisés, (...) se levantó de madrugada y edificó un altar al pie de la montaña y doce estelas por las doce tribus de Israel,...” (Éxodo, 24), en el cual, tras ser regado con sangre, se realizaron holocaustos con novillos. Parte de la sangre se derramó sobre el pueblo.

Es posible que algunos de los referidos altares no llegasen a levantarse nunca, pero es un hecho que el hombre, formando o no parte de todo tipo de santuarios y aisladamente, en muchas ocasiones, desde hace milenios, viene manteniendo la costumbre de levantar altares a sus dioses “Destruiréis totalmente todos los lugares donde las naciones que vais a desalojar han dado culto a sus dioses; sobre las montañas, sobre los collados y bajo todo árbol frondoso; destruiréis sus altares, romperéis sus estelas, quemareis sus cipos sagrados, haréis pedazos las imágenes talladas de sus dioses y sus nombres de esos lugares” dice Dios a los israelitas antes de iniciar la conquista de la tierra prometida (Deuteronomio 12-2,3).

Altar de los sacrificios del gran santuario de Ulaca, en Ávila. 

El altar es por tanto el elemento fundamental del culto para todas las religiones pues la unión con la divinidad, cualquiera que ésta sea, casi siempre se intenta conseguir a través de él ofreciendo sacrificios con el objeto de conformarla, aplacarla, sellar alianzas, agradecer los bienes recibidos, realizar plegarias; etc.

Aunque entre sus definiciones se encuentra “monumento dispuesto para inmolar la victima y ofrecer el sacrificio”, es esta segunda la que más se ajunta a su función pues muchos sacrificios, en especial cuando eran animales de gran tamaño, no tenían lugar sobre el altar sino ante este.Existen muchos tipos de altares pero quizás el más genuino y monumental de la antigüedad sea el denominado altar rupestre, por estar realizado, in situ, sobre la pura roca al estilo de los de Ulaca, Panoias, o el Charcazo de el Raso. 

Altar petrozoomorfo en el cerro de las Navas del castro de Chamartín de Ávila.

Es verdad que existieron miles de altares rupestres, seguramente más de uno por cada núcleo humano medianamente organizado, pero también lo es que son escasísimos los que alcanzan la monumentalidad de los referidos, circunstancia que, unida a la ignorancia, ha dado lugar a que tan solo se tomen en consideración unos pocos de los existentes despreciándose el resto por ser mínimo el vestigio que el hombre ha dejado sobre. Aunque en tal sentido valga recordar que la Biblia no aceptaba en que se trabajasen las piedras porque ello suponía profanarlas.

Íntima relación con el altar tiene el santuario rupestre cuyo nombre recibe el lugar donde se encuentran varios elementos de presumible culto rupestre (grabados, cazoletas, serpentiformes, podomorfos, hoyos e incluso uno o más altares rupestres).

Gran roca magicoritual horadada, en el castro de Ulaca de Ávila.
Las rocas mágico rituales, son otra variedad de piedras sagradas cuyo nombre que he otorgado a aquellas rocas que no siendo propiamente altares, pues no son aptas ni para realizar ni para ofrecer el sacrificio, cumplían otras posibles funciones cultuales relacionadas con las prácticas curativas, adivinatorias, de madurez, etc. Dentro de éstas últimas se encuentran los petrozoomorfos y los petroantropomorfos rocas con cierto aspecto animal o humano en torno a las cuales, y por lo dicho, se han realizado elementos de culto que han dado lugar a auténticos santuarios rupestres.

Otro tipo de altar menos grandioso pero en muchas ocasiones no menos monumental, son las antiguas aras clásicas, griegas y romanas principalmente, talladas sobre piedras móviles, generalmente de pequeño tamaño, aptas para libaciones, quemado de hiervas, y sacrificios de pequeños animales, palomas por ejemplo.

Ara clásica griega del siglo V antes de Cristo. 

Unos y otros altares así como las rocas mágico rituales se reconocen por ostentar distinto tipo de elementos como escalones, piedras arrimadas, pilas, cazoletas, escotaduras, petroglifos de distinto tipo inscripciones incluidas, etc.


jueves, 10 de noviembre de 2011

ELEMENTOS DE CULTO RUPESTRE (II)

PETROMORFOS. Existen rocas con formas curiosas que en unos casos parecen representar animales o partes de éstos, por lo que bien pueden ser llamadas petrozoomorfos; y, en otros, personas, cabezas generalmente, por lo que podríamos denominarlas petroantropomorfos. Estas rocas, según ponen de manifiesto los descubrimientos arqueológicos, con frecuencia, fueron escogidas por el hombre desde muy antiguo para rendir culto a sus dioses seguramente por considerar que no podían ser obra de la naturaleza sino que, por el contrario, las había depositado allí la divinidad misma, proveyendo de esta forma a sus criaturas del “escenario monumental” adecuado para que se la rindiera culto precisamente desde ellas. En las provincias de Zamora y Salamanca se han documentado algunos santuarios rupestres que se sirven de este tipo de rocas curiosas pero en Ávila, estas piedras “sacras” son poco conocidas. Pese a ello, existe una con forma de ave posada -un altar- en el “Santuario rupestre del cerro de Las Navas”, del castro de Chamartín de la Sierra; otras dos frente al cementerio de Ávila formando parte de un santuario rupestre; dos más en Gavilanes; etc. Foto 1.

Foto 1.- Petrozoomorfo con forma de rana o conejo en Villavieja de Yeltes –Salamanca.

GENITALES. Numerosos son los elementos mágico-rituales rupestres, rocas, piedras, ídolos, etc., que presentan forma de genitales humanos; o que, en forma de petroglifos, pinturas, etc., los representan. Los tamaños de estos elementos van desde tan sólo unos cuantos centímetros, caso de los idolillos o petroglifos, a varios metros de altura y diámetro, cuando de trata de rocas. Su significado debe ir unido a la potencia sexual masculina, fertilidad femenina, rituales simbólicos de renacimiento, etc. En Ávila bien podrían existir al menos dos de estos elementos: uno, en el castro de Ulaca y otro, en las inmediaciones de la Cueva del Gato en Muñopepe. Foto 2.
 
Foto 2.- Posible representación de genitales masculinos en Castillo de Bayuela –Toledo-
 PETROGLIFOS. Suelen tener una finalidad cultual por lo que los lugares donde aparecen se consideran santuarios. Entre los elementos más reproducidos se encuentran: huellas de pie silueteadas, armas -cuchillos, y espadas principalmente-, cruciformes, tijeras, herraduras, empalizadas, antropomorfos, vulvas a veces atravesadas por líneas que podrían representar falos, chozas, ídolos, figuras geométricas, etc. Muchos petroglifos se localizan en alturas y collados, junto a antiguos caminos, cabeceras o confluencia de cauces de agua, monumentos megalíticos, en el interior o alrededores de asentamientos del Cobre al Hierro, etc., lugares todos ellos considerados sagrados para aquellas gentes, lo que propició que los convirtieran en santuarios desde los cuales rindieron culto a sus divinidades. En cuanto a su orientación, es frecuente que los grabados, se encuentren dirigidos al Este, Sur y, Oeste. Dentro de este tipo de elementos cultuales citar en nuestra provincia, los existentes -antropomorfos, caprínido, etc.-, en el santuario rupestre de la Peña del Águila junto a Muñogalindo; y el encontrado por este autor, quizás perteneciente al mismo tiempo y de más enigmático significado, en el castro de El Raso. Foto 3.


Foto 3. Caprino prehistórico, del Cobre o Bronce, en el santuario rupestre de la Peña del Águila (Muñogalindo, Ávila). 

PINTURAS RUPESTRES. Aunque algunos entendidos han sostenido hasta tiempos relativamente recientes, que la pintura rupestre cumplió una mera finalidad ornamental, nadie defiende hoy tal idea y sí que responde principalmente a planteamientos religiosos, motivo por el cual debemos incluir las pinturas entre los elementos cultuales recogidos en este apartado. Entre las pinturas rupestres abulenses más próximas a la capital tenemos las de Ojos Albos y las de Muñopepe, estas últimas objeto de tratamiento en esta obra. Foto 4.

Foto 4. Pinturas de Ojos Albos (Ávila) del Bronce, presumiblemente.
MONUMENTOS MEGALÍTICOS. Particulares y excepcionales elementos de culto por su grandiosidad, lo constituyen los monumentos megalíticos, levantados desde finales del Neolítico y, sobre todo, a lo largo de la Edad del Cobre en todo el territorio de Europa. Con finalidad sepulcral, religiosa, ambas conjuntamente, cósmica, etc., existe una gran variedad de megalitos figurando entre los más conocidos los dólmenes, menhires, alineamientos rectilíneos o circulares, abrigos sepulcrales, tholoy, etc. Famoso en Ávila es el dolmen de Bernuy Salinero, pero desconocidos, salvo para los naturales del lugar, los posibles círculos sagrados de Solana de Rioalmar. En Castillo Bayuela –Toledo-, inmediato a un asentamiento del Bronce Medio, este autor descubrió un extraordinario megalito de finalidad sacrificial seguramente. Foto 5.

Foto 5.- Megalito ritual en Castillo de Bayuela –Toledo.

ROCAS MÁGICO-RITUALES. Aunque todas las rocas en las que se han labrado elementos de culto rupestre -escalones, piletas, cazoletas, hoyuelos, petroglifos, pinturas, etc.-, en especial si estaban destinados a la realización de sacrificios, libaciones, quemado de hiervas, o cualquier otro tipo de rituales, debemos considerarlas “piedras sagradas”; existen otras que, por no estar tan clara tal finalidad y sí otra de carácter más simbólico y ritual, debemos considerarlas rocas mágico-rituales. A este grupo de rocas, cuyas formas naturales jugaron un papel decisivo en la función que desempeñaron, debieron pertenecer en nuestra provincia, entre otras: una en el castro de Ulaca, destinada seguramente a la práctica de rituales de renacimiento, curación, etc.; otra en las inmediaciones del castillo de Manqueospese, quizás destinada a rituales de habilidad y madurez; una tercera en el cerro de San Mateo, sacralizada con varios petroglifos; y otra muy probable, en lo alto del cerro de La Veleta, situado dos kilómetros al suroeste de la Villaviciosa, lugar donde este autor descubrió los restos de una fortificación perteneciente, con toda probabilidad, al Bronce. Foto 6.

Foto 6.- Posible roca ritual el cerro de la Veleta, Villaviciosa (Ávila)
 SANTUARIO, ALTAR Y LUGAR SAGRADO. A los efectos de aclarar el significado de estos tres conceptos que con frecuencia aparecen en esta obra, decir que se considera Santuario al lugar presumiblemente, investido de una cualidad sagrada, desde el cual se invocaría a una divinidad, que cuente con evidentes elementos de culto atribuibles a la mano humana que pueden ser tan sólo uno, si éste es de excepcionales características, caso del gran santuario del castro de Ulaca; o un número variable de ellos, si éstos fuesen de menor relevancia, caso de los santuarios del cerro de las Navas del castro de Chamartín, del despoblado medieval de Duruelo, etc. Pese a lo dicho, algunos autores estiman que no se puede considerar santuario rupestre al lugar donde, aunque existan varios elementos de culto rupestre, no haya un altar de sacrificios, caso, por ejemplo, del santuario de la Peña del Águila en Muñogalindo. Foto 7.
Foto 7.- Santuario rupestre de el Teso de San Cristóbal de Villarino de los Aires (Salamanca).

Foto 8.- Altar rupestre en el santuario rupestre de Villarino.

Por su parte, genéricamente, se considera altar, con independencia de su monumentalidad y elementos constitutivos, a cualquier elemento, más o menos elevado del suelo que, independientemente de su tamaño, reúna condiciones para inmolar una víctima o realizar cualquier otro ritual: quemado de hiervas, aceites, la propia víctima o parte de ella, etc. Aunque es frecuente que los altares presenten en su parte alta una o más pilas, cazoletas, etc., a veces los altares se reducían a una piedra aplanada -ara o mensa-, más o menos burda, sin ningún elemento ritual sobre ella. Foto 8.

El concepto de lugar sagrado lo aplicaremos Al lugar donde se encuentre uno o más elementos rituales, presumiblemente, sin que ninguno de ellos alcance la relevancia necesaria para ser considerado el lugar como un santuario rupestre.

PARES Y TRÍOS DE ELEMENTOS. Con bastante frecuencia se ha dado la aparición de dos elementos juntos, -hoyos, hoyuelos, pilas, cazoletas, escalones, etc.-, del mismo tipo o mezclados unos con otros, casos por, ejemplo: de un altar situado en el Santuario del Cerro de Las Navas del castro de Chamartín de la Sierra compuesto por dos pilas y dos cazoletas; un hoyo y un cuadrado, en el Santuario de la Peña del Águila de Muñogalindo; dos cuadrados en el Santuario de Santa Lucía de Medinilla; de varios casos en el castro de Ulaca, etc., hecho que podría representar, según creen Luis Benito del Rey y Ramón Grande del Brío, “Santuarios Rupestres Prehistóricos en el Centro-Oeste de España”, la asociación por pares que, como una constante, se da en la Naturaleza”. Así, los pares de elementos podrían representar: el macho y la hembra, el día y la noche, el Sol y la Luna, el verano y el invierno, la materia líquida y la sólida, etc. Foto 9.

Foto 9.- Cazoleta y hoyuelo en el castro de Ulaca (Ávila).
También es frecuente el que en vez de dos sean tres los elementos que aparecen formando conjunto, como ocurre, entre otros lugares, en El Real de San Vicente y en Castillo de Bayuela -Toledo-; en Villavieja de Yeltes y San Felices de los Gallegos -Salamanca-; y en varios yacimientos y elementos abulenses. Y, por cierto, que tal es el número de cazoletas rituales que presentan algunas aras romanas en su parte alta; y el mismo “trisquel” -símbolo considerado celta pero que ya aparece en el Neolítico y en otras culturas, como la Japonesa-, el cual se introdujo en el arte medieval cristiano con la posible finalidad de representar a la Trinidad. Foto 10 y 11.

Foto 10.- Trío de cazoletas en El Real de San Vicente (Toledo).

Foto 11.- Verraco vettón con tres cazoletas rituales en San Felices de los Gallegos (Salamanca).

LA TRINIDAD. Añadir sobre este aspecto que La Trinidad fue una doctrina característica de las antiguas religiones paganas y que entre otras trinidades se conocen la del antiguo reino de Babel, conformada esta por Nimrod -el dios padre-, Semíramis -la diosa madre- y Tamuz -el dios hijo-, que fue representada con el símbolo del triángulo equilátero, acompañado, algunas veces, con un ojo abierto en la mitad; la Sumeria, conformada por Anu -dios del cielo-, Enlil -dios de la tierra- y Ea -dios de las aguas-; la de las ciudades de Tiro y de Sidón, compuesta por Baal, Astarte, y Melkhart; la egipcia, compuesta por Osiris -el dios padre-, Isis -la diosa madre-, y Horus -el dios hijo-; la India, formada por Brahma, Visnú y Siva, representados unidos en un solo cuerpo con tres cabezas; la capitolina romana, compuesta por Júpiter Óptimus Máximus, Juno Regina y Minerva; etc., fenómeno, por cierto, también registrado en América por pueblos como el maya, azteca, e inca, entre otros. Foto 12.

Foto 12.- Ara romana, con tres cazoletas. 




martes, 8 de noviembre de 2011

EL CULTO Y LA ROCA


Por los escritores antiguos y, sobre todo, por los descubrimientos arqueológicos sabemos que desde tiempos remotos -al menos desde el Paleolítico Superior-, el hombre ha venido rindiendo culto a distintas deidades, naturalistas generalmente, sacralizando a tales efectos determinados lugares de la geografía peninsular conocidos con el nombre de SANTUARIOS. Pero además de tales centros de culto, la mayor parte de ellos conocidos hoy, en los que nuestros antepasados, mediante determinados símbolos y elementos de funcionalidad cultual, dejaron constancia de sus ideas y actividades religiosas, existieron otros lugares menos monumentales, con frecuencia humildes altares y elementos mágico-rituales aislados de significado incierto, cuyas características han propiciado el que, pese a mantenerse intactos, hayan mantenido su anonimato hasta nuestros días.

                       Foto 1.- Santuario rupestre de El Canto de La Atalaya, Muñopepe -Ávila.

En relación con las actividades rituales de sacralización de la naturaleza y en concreto del culto rupestre, la expresión más genuina es el “Santuario Rupestre” -realizado sobre roca-, siendo quizás la característica más destacada de todos ellos, que se encuentran al aire libre no disponiendo de receptáculos arquitectónicos artificiales aunque en algunos casos -Ulaca por ejemplo, aunque se trata de un caso excepcional-, rompieron con tal norma. Foto 1.

Es frecuente que los santuarios rupestres y, en general, los elementos de culto se encuentren situados en alturas, debido seguramente a la creencia de que en estos lugares es donde más cerca se está de la divinidad o donde ésta se manifiesta especialmente; aunque junto a la anterior idea, y en cierto modo opuesta a ella, existe otra según la cual las profundidades insondables de la tierra o el mar albergan otra serie de deidades de los abismos que se manifestarían con los terremotos, volcanes, fuentes, olas, etc., a las cuales podrían haberse dedicado santuarios constituidos en pozos, cuevas, bordes del mar, lagunas, ríos, etc.

Pero en todos los casos, es un hecho el que la piedra, símbolo de lo imperecedero desde tiempos remotos, se ha constituido como base para la práctica de los rituales religiosos e incluso como objeto principal de veneración pues en ella se labran altares, se graban o pintan elementos sagrados, se encuentran grutas y simas donde se rinde culto a la Divinidad, se construyen templos, monumentos megalíticos, etc.

Foto 2.- Iglesia parroquial de Narros del Puerto -Ávila), situada sobre un santuario romano.

Rocas, cuevas y montañas junto a fuentes de agua, bosques, etc., elementos primordiales en la naturaleza, han dado lugar a que las gentes practicantes de cultos religiosos naturalistas de la antigüedad, con frecuencia, establecieran allí sus santuarios o elementos sagrados, santuarios y elementos de culto que con el paso de los siglos han sacralizado, en no pocas ocasiones, religiones posteriores aunque merced al cambio filosófico experimentado por las nuevas ideas los elementos naturales se han sustituido por materiales más vulgares y efímeros como el ladrillo, el yeso, plásticos, etc. Foto 2.